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Princesa Bari (Chamanismo)

¿Podrías salvar a las personas que te abandonaron? Esa es la difícil pregunta a la que se enfrentó la princesa Bari, protagonista de una leyenda de la tradición coreana. 


Autor: Dayana González

Editor: Yelitza Ruiz


La princesa Bari, guía de las almas de los muertos en el chamanismo coreano, sosteniendo una flor.
La princesa Bari, guía de las almas de los muertos en el chamanismo coreano, sosteniendo una flor.

Como muchas otras historias de la tradición coreana, la leyenda de Bari, también conocida como Bari-degi (바리데기), se transmitió de forma oral durante generaciones. Por esto existen distintas versiones de un mismo relato.


Un nacimiento marcado por el rechazo

Su historia empieza desde antes de su nacimiento, cuando su padre, el Rey Ogu de una antigua Corea, hizo caso omiso a las advertencias de una profecía que le decía que debía posponer su boda un año; si no, no sería capaz de tener un hijo varón. Aunque el rey realmente quería a sus 6 hijas; sin embargo, con el nacimiento de la séptima, es decir, de Bari, la rechazó, le dio su nombre, que significa “el que es desechado”, y fue abandonada en un río, o es lo que muchas versiones suelen contar. Pero el destino tenía otros planes para Bari; fue hallada por una pareja de ancianos, quienes la criaron como si fuera su propia hija; en ese tiempo ella vivió con ellos sin saber de la existencia de sus padres biológicos. 


El viaje hacía el inframundo 

Con el tiempo, en el palacio ocurrió una tragedia: los reyes sucumbieron ante una terrible enfermedad, sin que nadie pudiera ayudarlos; pero fue entonces cuando se reveló el destino de Bari. Los sabios descubrieron que la única cura era un agua medicinal que solo se encontraba en el inframundo. Y aquí es donde Bari desempeña un papel fundamental, ya que solo ella quiso emprender aquel laborioso viaje para salvar a los padres que un día la abandonaron. Puesto que, según cuentan, sus seis hermanas no quisieron enfrentar esta odisea para salvar a sus padres, porque sí es una odisea. El camino al inframundo estaba lleno de peligros que pondrían en peligro sus vidas.


Entre tantas cosas que pudieron haber sucedido en el camino al inframundo se enfrentó a regiones de oscuridad donde se encontraban las almas perdidas, en estos caminos difíciles y tras pasar muchas dificultades, se encuentra al guardián del agua del manantial, conocido como Mujangseung. Tiene sentido pensar que esa agua no era fácil de obtener, y que se tenía que pagar un alto precio: trabajar de servidumbre, matrimonio o la maternidad. Nuestra princesa Bari terminó en la última opción: se casó con Mujangseung, con quien dio a luz a siete hijos varones.


El regreso al mundo de los vivos

Existen diferentes versiones sobre el momento en que Bari decidió regresar al mundo de los vivos. Algunas cuentan que una cuchara rota le hizo darse cuenta de que era momento de regresar. Otras simplemente mencionan que regresó al mundo humano sin una razón concreta o algo que le avisara que estuviera pasando. Al llegar con su familia al palacio, el recorrido fúnebre de su padre estaba comenzando; lo detiene y aplica cuidadosamente la flor de la vida, y vierte el agua en la boca de sus padres. Quienes despiertan de la muerte, reconociendo finalmente a la hija que rechazaron al nacer. 

Como muestra de agradecimiento sus padres le ofrecen riquezas y una parte del reino, pero Bari las rechaza. Solo pidió convertirse en deidad para poder consolar y escoltar a las almas de los muertos que vio en su camino cuando se dirigía en búsqueda del agua de la vida. 


Legado

Con el tiempo, esta historia se convirtió en una canción o epopeya central del chamanismo coreano, también conocido como musok (무속). Dentro de esta tradición espiritual, los chamanes (mudang) consideran a Bari como Mujoshin (무조신), la “deidad abuela ancestral de los chamanes”. Ya que ella fue la primera en tender un puente entre el mundo de los vivos y los muertos gracias a su viaje al inframundo.

También su influencia puede apreciarse en varios rituales chamánicos entre ellos el Ogu-gut (오구굿), una ceremonia que se realiza en los funerales para guiar al difunto al más allá, consolar el alma y resolver el duelo entre los muertos y los vivos. 

Al igual que en el Ogu-gut el alma encuentra paz gracias a una deidad, la mitología coreana también alberga relatos donde los espíritus no logran descansar y regresan al mundo de los vivos para exigir justicia. Pero ¿qué ocurre cuando un espíritu vuelve porque no pudo encontrar la paz? Esa pregunta nos llevará a conocer una de las leyendas más famosas del folclore coreano: Janghwa y Hongryeon.

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